miércoles, 10 de octubre de 2012

¿Dónde están nuestras autoridades?

Existen dos hipótesis sobre la etimología del término LÁMUD, la primera menciona que viene de dos vocablos LA MUTE, algo así como el mote, porque dicho producto es el alimento primario en las mesas de las casas lamudinas. La segunda, LA MUDA, aludiendo a la actitud de las mujeres bellas pero calladas durante la invasión colonial española a la zona.
Dilucidando la segunda hipótesis, entendiera, según el decurso de la historia, que ésta sería la más acertada; sin embargo ese mutismo se ha extendido, como una pandemia macondina, a toda la población no solo lamudina, sino también a los pobladores de la provincia de Luya y sin exagerar diría hasta la región Amazonas. Sostengo dicho argumento porque en estos últimos decenios los pueblos más cercanos y conocidos como Lámud – Luya y peor aún las autoridades representativas de toda la provincia e inclusive de la región no actúan. Están como amordazadas, así el mutismo y la modorra les han inmovilizado tanto, que parecen que los pobladores y sobre todo sus autoridades no existieran, por eso, me pregunto ¿Dónde están nuestras autoridades? O estas son como cierto exconsejero a quien una vez escuché que le decían Dios, porque sabían que existía pero nadie sabía dónde estaba (perdonen la ironía).

Como decía el refranero de mi abuela Rosa Aurora, para muestra dos botones. Pero como yo saqué también a mi tía Himelda, no pondré como muestra dos sino tres.

Aquí va el primero, la carretera Cáclic – Luya – Lámud.

Con el cuentazo de mejorar, yo diría empeorar cierta empresa, dizque de Rodríguez de Mendoza, que no sé quién la contrató, está echando un material inadecuado a la carretera, el cual cuando llueve pareciera que los conductores no manejan automóviles sobre la tierra sino sobre el hielo porque sus esquís, perdón sus vehículos tienen que sortear a través de su pericia en el volante, los resbalos sobre el barro que como dicen en mi tierra esta llip llip. Este hecho negligente, ya ha provocado dos accidentes de tránsito como el que sufrió el camión de placa A 12 862 del comerciante Dagoberto Cieza, a quien le causó pérdidas económicas, porque dicho camión se volcó deteriorando no solo la estructura del vehículo sino los víveres que transportaba.

A esta negligencia se agrava que en la curva, cercana a Tincas, donde fue el accidente, la carretera está cediendo por la zona deleznable y la existencia de corrientes de agua, motivo por cual, ya hace falta hace rato, un puente carrozable. ¿Qué esperan señores autoridades? ¿Lamentar la muerte de varias personas para que recién tomen la determinación de construir el mencionado puente? Para colmo con el camión que volcó el domingo 07 de octubre ya son tres los accidentes en el mismo lugar. Por tanto, hagan algo, reaccionen. ¿De quién es la negligencia? ¿De los alcaldes, del Ministerio de Transportes, de las autoridades del Gobierno Regional, de la compañía que ha tenido la ideota de colocar este pésimo material? Creo de todos, hasta de las personas que no dicen nada al respecto.

Ah… mis amigos los policías ¿dónde estuvieron? Más de tres horas permanecimos esperando en una congestión vehicular y ni un policía se acercó a por lo menos dirigir el tránsito.

Ahora toca el segundo: “LOS MINIHOSPITALES”.

¿De dónde nació la estólida decisión de construir un minihospital en Lámud y otro en Luya? ¿Del gobierno regional? ¿De los alcaldes? En realidad no sé. De lo que sí estoy seguro es que nuestras autoridades locales y regionales no planifican ni ejecutan sus obras con visión de futuro. Con esta medida alimentan los egoísmos tontos, los chauvinismos vanos de luyanos y lamudinos que no aspiran a la gran unidad de estos legendarios pueblos como ejemplo para el resto de distritos de nuestra provincia.

Es paradójico que poseyendo un teniente alcalde y un consejero regional que son médicos de profesión no hayan dicho nada, ni ellos ni las demás autoridades de salud o las de otras instituciones. ¿Quién sabe dijeron algo y nadie los hizo caso? Considero que todo poblador de la provincia de Luya aspira la construcción de un gran nosocomio equipado con los últimos avances tecnológicos relacionados a la medicina, de esa manera se garantizaría la mejor calidad de vida de los ciudadanos comunes y corrientes.

Para finiquitar el tercero: “LOS INCENDIOS FORESTALES Y LA DESTRUCCIÓN DEL MEDIO AMBIENTE”.

De un tiempo a esta parte, algunos lugareños sumidos en el mito y en la ignorancia provocan incendios forestales a diestra y siniestra. Cierto día, hasta nos convertimos en bomberos voluntarios un grupo de amigos (el policía Norbil, trabajadores del consejo provincial como José Chávez Arroyo y Boris Chicana juntamente con su esposa Karina, trabajadora de la gobernación y mi persona) para apagar un incendio forestal en la zona de Cuelón. Como ese hubo incendios de mayores magnitudes. ¿Acaso existen pirómanos en Lámud, Luya y alrededores?.

Otro de los hechos despreciables es la caza furtiva practicada por “ciudadanos” (lamudinos, luyanos, hasta chachapoyanos, muchos de ellos con profesión) quienes ya acaban con los venados muy perseguidos en la zona, a pesar de que son especies en extinción. Sabemos que hay un fiscal del Medio Ambiente, ¿se le ha visto actuar? ¿hay alguien detenido? ¿los funcionarios de INRENA y del Ministerio de Agricultura capacitan y defienden los recursos naturales? o ¿No son sus funciones? ¿Piensan acabar con toda la madre naturaleza? ¿Les aburre vivir en un ambiente natural? ¿Tanta violencia tienen albergada en sus corazones que acaban con la vida de seres indefensos?.

Con todo lo sustentado hay razón de preguntar ¿Dónde están nuestras autoridades? Ojala que al escuchar este artículo de opinión nos motive a tomar conciencia, a actuar para defender nuestros derechos, para cumplir con nuestros deberes y para protestar contra las acciones que atentan contra el desarrollo de nuestros pueblos y nuestra región. No podemos seguir indiferentes. Como decía el vate santiaguino César Vallejo: “Hay hermanos muchísimo que hacer”.

Espero no generar cóleras ni rivalidades, mi opinión invita despertar y acabar con nuestro estancamiento al progreso; recuerden: “No somos perfectos, pero somos capaces de concebir lo que es la perfección. La acción es preferible a la inacción y el compromiso con la vida es preferible a la indiferencia apática”. ¡Expresémonos, ya basta de tanto mutismo!.

Profesor Abraham Rojas Valdez, “Un Chillaos de corazón”.

Comentarios al correo laotse_va@hotmail.com

Fuente: Reina de la Selva.


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